Sobre la sociedad de la información y el Big Data

Queremos comentar y compartir un artículo muy interesante sobre la sociedad de la información y el uso de los datos hoy, publicado en El Confidencial. Es un artículo de opinión del autor José Antonio Marina*. Pueden echar un vistazo al artículo al completo en este enlace (y lo recomiendo): http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2017-06-27/sociedad-informacion-fracaso_1405499/

Aquí reproduciremos y comentaremos las partes del artículo que más nos interesan:

Probablemente, el lector pensará que estoy en la luna y que no me entero de lo que pasa. ¿Cómo voy a hablar de fracaso si vivimos la apoteosis de la información? Empezamos a saberlo todo de todos. El internet de las cosas, insertando billones de sensores, va a permitir disponer de un flujo continuo y total de datos. Las autopistas de la información dicen que ya no vamos a necesitar teorías porque vamos a tener todos los datos, es decir, un mapa del mismo tamaño que el territorio.

Jeff Bezos (Amazon) señala que estamos en la era de la “desintermediación”, y que es un triunfo prescindir de “mediadores”. Todo está a nuestro alcance. ¿Es esto verdad? El año 2011, Eric Schmidt, director de Google, afirmó que la humanidad había producido hasta 2003 una cantidad de información equivalente a 5 exabytes, añadiendo que ahora esa cifra se generaba cada dos días. Ese mismo año, un estudio publicado por ‘Science’ calculó que hasta el año 2007 la cifra era ya de 295 exabytes, aumentando en 2011 a 600 exabytes, la capacidad que pueden contener un millón de ordenadores de sobremesa actuales.

Es cierto que tanto la información disponible, como las fuentes, como los proveedores (interesados o no) de información se han multiplicado en los útlimos años.

Las profesiones relacionadas con el análisis de Big Data están solicitadísimas, porque las empresas no pueden sobrevivir si no saben aprovechar esa caudalosa información. Y lo mismo sucede con los políticos: no van a venderse bien si no tienen los suficientes datos de su clientela. Por lo tanto van a necesitar cada vez más mediadores, intérpretes. Todo el mundo parece de acuerdo en afirmar que la información es poder. Pero esta afirmación pertenece a la categoría de las “medias verdades”, que es más interesante que la de “posverdad”.

Tras ponernos sobre la pista y establecer el preámbulo, el autor da en el clavo en el siguiente párrafo:

Un ejemplo de que la información es poder: Nathan Rotchschild se las ingenió para ser el primer en conocer en Londres el resultado de la batalla de Waterloo, lo que le proporcionó unas colosales ganancias. Pero puedo poner ejemplos en contra. Alan Greenspan, el que fue durante mucho tiempo presidente de la Reserva Federal de EEUU, estaba considerado como el mejor conocedor del sistema monetario y financiero mundial. Y, sin duda, tenía a su disposición la mejor información. Sin embargo, cuando sobrevino la crisis del 2008, su comentario fue: “No comprendo lo que ha sucedido”. Esta es la palabra que me interesa: “comprender”. Usted puede conocer al minuto lo que ha hecho una persona y, sin embargo, decir con razón : ”No entiendo su comportamiento”. ¡Pero si tiene todos los datos! Sí, pero no sé lo que significan.

Comprender. That’s the point. Comprender lo que ocurre. Por que puedes tener todos los datos, todo el acceso a la información… pero si no entiendes lo que ocurre o si toda esa información y datos lo único que hacen es crearte ruido a la hora de interpretar la situación… estás perdido.

Los expertos saben muy bien que una cosa son los datos y otra la información. Si un aparato me da como dato 38, no sé si se está refiriendo a una talla, al número de veces que se utiliza un ascensor por minuto o a la temperatura de un cuerpo. El diseño del sensor –la intención del diseñador– es una primera fuente de significado. Dentro de poco, podremos conocer en tiempo real todos nuestro parámetros fisiológicos, lo que, sin duda, mejorará nuestra salud, pero también producirá una epidemia de “narcisismo sanitario” y de hipocondría.

En este punto el autor vuelve a dar en la clave: conocer todos los datos puede ser inmensamente útil… o ser un lastre en forma de hipocondría, haciendo que los datos sean más importantes o cojan protagonismo por encima de la información. En definitiva, tapándonos el bosque. En un estudio de mercado hay que saber elegir muy bien los datos que hay que utilizar. Y también cuales hay que discriminar y cuales no son relevantes. Cuales son aquellos que nos provocan hipocondría y nos restan tiempo útil forzándonos a seguirlos constantemente. En Big Data este problema es fundamental y se suele intentar solucionar utilizando técnicas matemáticas, lo que se denomina “algoritmos“:

Quienes transforman los datos en información son los algoritmos. Este es un término de moda. Todo el mundo habla de algoritmos, aunque no sepa muy bien de qué se trata. Por ejemplo son populares los algoritmos de búsqueda de Google, o los de Facebook, Son los “mediadores” que rechazaba Bezos. Los algoritmos tienen poco glamour. Son “conjuntos de reglas para realizar operaciones”. Permiten a un ordenador realizar cálculos y ejecutar operaciones.

El autor ahora trata sobre los algoritmos, aquellos “mandados” del Big Data que permiten dar a cada dato su ponderación. No son fórmulas mágicas al fin y al cabo y tienen sus propios inconvenientes. ¿Quien establece qué datos son los importantes? ¿Son los mismos en todas las ocasiones?, ¿las matemáticas son capaces de explicarlo todo, como los momentos de pánico o de euforia? y, volviendo a la primera pregunta: ¿sus resultados son información o son simplemente datos que han de ser necesariamente explicados e interpretados? José Antonio Marina abunda sobre los algoritmos y sus funciones.

Las cosas están cambiando. La investigación en Big Data está dirigida a encontrar procedimientos que descubran en una ingente cantidad de datos patrones relevantes, es decir, dotados de significado. Un significado que tal vez no comprendamos porque nos resulte imposible saber cómo lo ha conseguido el ordenador.

Es decir, sin humanos preparados, capaces y que interpreten correctamente los resultados, toda la técnica es inutil y, en ocasiones, contraproducente. Es decir, el Big Data Analisys depende principalmente del Analisys, de su interpretación. Y no todo el mundo es capaz de interpretar lo que ocurre o tiene acceso a la información y experiencia necesaria para comprenderlo.

En el resto del artículo, se tratan otras facetas de nuestra sociedad de la información, que recomiendo leer. Como muestra un botón:

Creo que la “sociedad de la información” está a punto de fracasar, porque empezamos a darnos cuenta de que no la comprendemos y que, por lo tanto, estamos respondiendo a la información como una máquina responde a señales. Un termostato responde a un dígito, sin saber que significa si hace mucho calor o mucho frío.

 

*José Antonio Marina es un filósofo, ensayista y pedagogo español. Formó parte del equipo fundador de la Universidad de Padres y escribe habitualmente en varios periódicos de tirada nacional. Fue amigo personal y colaborador de Álvaro Pombo. Pueden conocer mejor su obra aquí: http://www.elconfidencial.com/autores/jose-antonio-marina-716/.  Su artículo en la Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Marina