Hoy toca un artículo menos interesante de lo normal y mas corporativista. Siento que sea así. Pero de vez en cuando es bueno darle a la tecla y hablar del marketing desde dentro. Del marketing de verdad.

Existe la práctica generalizada en nuestro sector de que el conocimiento es algo gratuito, innato, que se puede obtener fácilmente a través de vídeo tutorial o de un curso de 20 horas. En nuestra sociedad líquida basta que una persona se intitule como experta en un campo para que se le de toda credibilidad. Y se eleven a técnicas lo que son meras opiniones.

Nada más lejos de la realidad.

El conocimiento técnico es algo difícil de adquirir, lleno de matices que devienen fundamentales en todo momento. La experiencia lo pule y lo enriquece. Además, todas las situaciones y problemas son poliédricos y han de ser abordados desde todos los ángulos: económico, social, de filosofía de empresa, a corto, medio y largo plazo, desde el punto de vista ético, qué encaje tiene lo propuesto con la imagen de la empresa, público objetivo al que se dirige y sus sensibilidades, las necesidades del consumidor…. Esa capacitación técnica no se puede adquirir en 5 minutos. Ni resuelve nada la improvisación. En muchas ocasiones se requieren equipos multidisciplinares. También se requiere tener la humildad de consultar a gente mejor que tú allá donde no llegas. Y de integridad para decir las cosas claras y hacer lo correcto profesionalmente hablando.

Todo ello tiene su coste en tiempo y en dinero. Pero también tiene un gran retorno. Y es lo que hace que merezca la pena trabajar con gente profesional y técnica.

Por ello, nos duele ver a compañeros de profesión que ofrecen soluciones de bajo nivel intelectual o más «vendibles» que atacar la verdadera clave del problema. Y clientes que aceptan soluciones en apariencia más fáciles (y baratas), a cambio de salir del paso o de poner un parche.

Ello lleva a que las acciones que lleven a cabo sean menos efectivas, que sean mera fachada, desprestigiando la profesión. Porque simplemente no están hechas profesionalmente. Y que cunda entre el público la sensación de que «eso lo puedo hacer yo», «tengo un cuñado que me lo hace en tres días», etc, etc…

En Eureka ! Marketing somos alérgicos a todo ese lenguaje esotérico (y en inglés), que rodea a muchos de nuestros compañeros. Los disculpamos en cierta medida porque sabemos que lo utilizan para prestigiarse y luchar contra el efecto descrito en párrafos anteriores.

Nosotros amamos las soluciones técnicas, no a los tecnicismos. Ofrecemos soluciones complejas a problemas complejos, porque no hay varitas mágicas ni atajos que sirvan. Y porque lo que nos termina juzgando es el largo plazo.

«Yo no quiero construir para poder tener clientes. Quiero clientes para poder construir» – Howard Roark en «El Manantial».